Siempre he creído que un hogar sin abuela es un hogar a medias. Que bonito es vivir con los cuidados, el amor, el consentimiento, los juegos y diversión de una abuela. ¡Y de sus golosinas y regalos!
Cuando nace un nieto, las abuelas vuelven a nacer. Pero nacen con más libertad, sin la ansiedad de cuando fueron madres.
El amor más puro y perfecto es el del nieto. Y la entrega más desinteresada, es la de la abuela. Ellas siempre ven lo mejor de sus nietos, chocando a veces por la incomprensión de los padres que no entienden la relación abuela-nieto.
Cuando sean abuelos, conocerán y comprenderán el por qué de lo divertido que es ser abuelo.
Conocerán lo que es la bendición.
Ojalá todos los abuelos del mundo sean correspondidos con el mismo cuidado que ellos dedicaron a sus nietos.
Ojalá que todos los hijos dejen disfrutar a los abuelos de sus nietos.
El cuento que van a escuchar a continuación, lo traigo a modo de reflexión.
"El dia que me volví invisible" de Silvia Castillejos Peral. Narrado por Mariano Osorio.

