Si una persona se ama a sí misma, se respeta y se acepta, nunca buscará aferrarse a nada ni a nadie, ni tampoco temerá perderlo. La posesividad hacia otra persona es sinónimo de inseguridad y baja autoestima lo que puede derivar en males físicos y enfermedades mentales. Lo importante no es amar mucho, sino amar bien. No tenemos derecho en torturar a la persona amada con nuestras fantasias, imaginaciones y obsesiones. Si somos capaces de comprender que nadie es de nadie, viviremos nuestras relaciones sin conflictos con nosotros mismos. Decia Otto Klineberg (psicólogo social) que las personas celosas son frecuentemente algo sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad. En la realidad cotidiana, los celos enturbian y rompen las relaciones, sean cuales sean, las personas celosas acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes, el gozo y el placer del encuentro, del equilibrio en la pareja, que se basa en la ternura, la ...
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