Es comprenderlo y ayudarlo a levantarse cada vez que caiga.
Es alegrarte de sus triunfos.
Es tolerar su independencia.
Es no atarle a tus alas.
Es permitirle que se equivoque.
Es hablarle en silencio.
Es hacerle sonreír.
Es respetarle toda tu vida.
Es...amarle por siempre.
