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Larry Fink, el dueño de BlackRock (el fondo buitre más poderoso del mundo) explica a sus inversores, su perspectiva y estrategias inversoras y políticas del mundo actual y futuro en una carta muy detallada y no menos interesante.


Empezaré por decir que BlackRock, actúa como una culebra, en silencio, luego ya logrado sus intereses, entonces se hacen público sus negocios por todo el planeta.
Larry Fink, hijo de un zapatero y una profesora, alérgico a los círculos sociales, es inversor desde que tenía 13 años de edad.
Un hombre por cuyas manos pasa buena parte de la economía mundial y que despierta bastantes incógnitas por su legendaria discreción.
El primer detalle llamativo es que Fink, que hoy tiene 72 años y nació en un suburbio de Los Angeles, no aparece en los primeros puestos de las listas de grandes milmillonarios. Y apenas se asoma al final: su fortuna personal apenas alcanza los mil millones de euros, gracias a las más de 400.000 acciones de Blackrock que posee, el 0,7% del total. Y es un hito tardío: Fink apareció por primera vez entre los milmillonarios en 2018, 30 años después de haber creado el fondo. A diferencia de otros grandes inversores, como Warren Buffett, (cuya fortuna supera los 110.000 millones de euros) el objetivo de Fink pasaba menos por el gran enriquecimiento personal que por tener el mayor fondo posible. Blackrock tiene hoy entre sus manos 10 veces más activos que Berkshire Hathaway, el vehículo inversor de Buffett.
Fink si tiene algo en común con el legendario inversor de 93 años: una cierta frugalidad personal, marcada por las circunstancias personales. En el caso de Fink, no fue exactamente la pobreza. Él mismo contaba hace cinco años, cuando se convirtió en milmillonario, que su educación como inversor vino de sus padres: su padre era zapatero y su madre profesora universitaria de inglés. “Su esfuerzo nos dio muchas oportunidades a mis hermanos [un hermano y una hermana] y a mí, pero desde luego no éramos ni mucho menos ricos”.
Lo que sí tenían era cultura inversora. Fink rememoraba que, cuando ahorraban, no lo hacían para comprarse “una casa más grande” o “un coche nuevo”. Sino para invertir y apostar a futuros.

Un hábito que pronto se pegó al nuevo inversor: cuando tenía 13 años, y con el dinero que había ganado echando una mano a su padre en la zapatería, Fink compró sus primeras acciones: “en DuPont”, una química estadounidense. La lección venía menos motivada por el interés académico (si el chaval tenía que echar una mano en la tienda era precisamente por sus malos resultados como estudiante) que por la impresión que le habían dejado sus padres. Un hábito que le acompañó durante el resto de su formación, y que terminó convirtiéndose en su profesión. Antes, ya había rellenado el resto de casillas de la vida: se casó con su novia de siempre, Lori, en 1974, dos años antes de sacarse el mandatorio MBA y empezar en serio su carrera profesional.
La pareja tuvo tres hijos, de los que el mayor, Joshua, ha seguido con desigual fortuna los pasos de su padre (manejando diversos fondos de inversión que no han tenido mucho éxito). No son conocidos por sus propiedades (que apenas abarcan la casa familiar en Manhattan y una finca de 10 hectáreas unos kilómetros al norte de la Gran Manzana), o por su participación en la esfera social neoyorquina. De hecho, incluso después del gran crecimiento de Blackrock, poquísima gente, incluso en el mundillo financiero, sabía quién era aquel tipo con pinta de profesor de secundaria. A Fink nunca le ha interesado figurar, quizás porque la última vez que se dejó llevar por el ego acabó mal.
A mediados de los 80, el inversor se había convertido en una de las jóvenes estrellas de First Boston, un veterano banco de inversión (hoy desaparecido). Le habían hecho alto ejecutivo, su nombre sonaba para convertirse en socio, y él y su equipo -del que luego saldría el germen de Blackrock- se comportaban como superestrellas del dinero. “Era un capullo”, le contaba con franqueza al Financial Times. Y en 1986 “la cagué”, rememora: perdió de golpe más de 100 millones de dólares, unos 200 millones de euros al cambio actual. Él y buena parte de su equipo se quedaron sin futuro en la institución.
De ahí vino la necesidad de formar Blackrock, que fundó en 1988, junto a un puñado de socios, con la idea de crear un vehículo de inversión para los ahorros de la gente corriente. Es algo que incluso hoy mantienen: 35 millones de estadounidenses han confiado sus ahorros al fondo, que a través de una telaraña propia de fondos indexados y adquisiciones financieras controla directa o indirectamente buena parte de la economía planetaria. Entre esos fundadores salidos de la banca de inversión estaba uno de los pocos amigos personales de Fink, Ralph Schlosstein. Que no sólo era demócrata como el propio Fink, cuyo apoyo al partido le ha llevado a mantener lazos con la administración Obama, sino que había ostentado un alto cargo en una de las presidencias "malditas": fue secretario del Tesoro con Jimmy Carter.

El pelotazo les llegó con la gran crisis de 2008. Blackrock, sumida entonces en una espiral de adquisiciones financieras, dio un paso al frente y se hizo con la gestión de la mayor parte de los activos tóxicos que dejó la gran crisis de nuestro siglo. Asumió como riesgo más de 130.000 millones de euros contaminados por el hundimiento de las bancas hipotecarias… Y consiguió enriquecerse por el camino. De repente, el hombre detrás de la maraña estaba al teléfono con los grandes ejecutivos de Morgan Stanley y el resto de las grandes, que le pedían consejo para superar el bache. Pero aún así seguía siendo un desconocido. Cuando el modus operandi de Blackrock de la época (sanear empresas tóxicas y venderlas a trocitos o en lo que se pudiese salvar) ya se hizo conocido, gran parte de los afectados ni siquiera sabían quién era ese tal Larry Fink encargado de supervisar el proceso. Era, contaba uno de los autores que mejor ha explicado el colapso financiero del 2008, William Cohan, “el Mago de Oz, el hombre detrás de la cortina”.

Hoy, Fink sigue siendo en parte una esfinge. Acude de vez en cuando a LinkedIn a compartir su día a día y revelar ciertas impresiones. Y, curiosamente, tiene que defenderse a menudo de ataques tanto desde la derecha estadounidense (que no le perdona ni su filiación demócrata ni el hecho de que no le tiemble el pulso al hacer negocios con enemigos de la economía estadounidense, como la poderosa China de Xi Jinping) como desde la izquierda mundial, recelosa tanto de sus inversiones (Blackrock es el mayor detentador de activos en la industria armamentística estadounidense) como de su influencia en las economías de a pie a través de sus inversiones en inmobiliarias, financieras y otras ramas de la economía.

Poco amigo de definirse políticamente, ha repetido en numerosas ocasiones que su único interés es el de proporcionar retornos a los inversores de Blackrock, al precio que sea. Es capaz de defender la necesidad de una economía de transición energética mientras mantiene buena parte de sus fondos en petroleras tradicionales con poco interés en frenar los combustibles fósiles. De montar un fondo milmillonario en Nueva Zelanda contra el cambio climático y completar la adquisición de ese 20% de Naturgy semanas después de haber alabado “la visión” de Emiratos Árabes en la reciente COP28, contaminada por los lazos petrolíferos del organizador. Y así una y otra vez. Da un poco igual que en los últimos diez años su figura se haya hecho más pública. En realidad, dejando aparte su talento como inversor, hoy Fink sigue siendo un desconocido para buena parte del mundo.

El capitalismo tiende a la concentración hasta el monopolio, y de eso es un buen ejemplo la mayor gestora de activos del planeta, Blackrock. Este fondo de fondos acaba de publicar su carta anual a accionistas y empresas participadas. Se trata de una declaración de principios que, por una parte, subraya las tendencias corporativas dominantes y que, por otra, prepara el terreno para sus últimas líneas de negocio. No es extraño que, en este tipo de documentos, las grandes corporaciones confundan los intereses del planeta con los fines propios.

En esta misiva, Fink, defiende el capitalismo actual, y en particular, el desarrollo de los mercados de capitales, como solución a los desafíos que enfrenta la humanidad.

Hasta la publicación de la carta de Fink, los Estados, esas entidades todavía autónomas y de finalidades algo híbridas, estaban llamados a jugar un papel creciente para afrontar dichos desafíos. Los problemas de envejecimiento, las micro amenazas en forma de pandemias víricas, los desastres asociados a las perturbaciones climáticas y las necesidades de mejorar las infraestructuras físicas y digitales son áreas en las que la inversión pública, menos miedosa que la privada, puede encontrar una palanca para el relanzamiento de la economía y, a veces, el refuerzo de la sociedad.

Pero Fink tiene un sueño, y este viaja en sentido contrario. Para el dueño de Blackrock, propietaria de más de 10 billones de dólares en activos —acciones de grandes empresas y deuda pública, entre muchos otros—, tendrán que ser los mercados de capitales y, a través de estos, el sector privado, los que satisfagan estas necesidades.

Los Estados no pueden hacerlo: están viejos y rechinan cubiertos de óxido burocrático. Los elevados niveles de deuda pública son la prueba del algodón: esta es mucho más alta que en los años setenta y tiene atados a los gobiernos, que no pueden permitirse gastar más. Los fondos privados, guiados por una solidaridad instintiva, que se canaliza con eficiencia gracias a la búsqueda del beneficio, representan la mejor solución para la incertidumbre.

Es curioso que en su carta apenas cabe una mención o dos a la imaginación contable de las sociedades que se escapan de pagar impuestos en los países en los que operan. Ni a que parte del endeudamiento nacional responde a acciones extraordinarias durante la pandemia; o a rescates bancarios insuficientemente auditados; o a medidas para despertar el apetito inversor de un dormido sector privado.

No se refiere tampoco Fink a que los planes de austeridad en Europa, aquellos que redujeron las capacidades del sector público, aumentaron la relación entre la deuda y el Producto Interior Bruto, comprometiendo la solvencia de algunas naciones. Ni tampoco a que las naciones o los conjuntos soberanos de países tienen bancos centrales que pueden ponerse al servicio de estas metas últimas. Que el dinero es un medio y no un fin. Que ni la inflación, que es una variable cuyo funcionamiento es difícil de modelizar, o la deuda pública, son males eternos. Y que sí pueden serlo, sin embargo, los puentes reventados por buques demasiado grandes, las páginas web que nos espían o los maremotos en los que podríamos ahogarnos.

Tampoco menciona sus inversiones en industria armamentista. Las guerras son grandes oportunidades de enriquecerse con diferentes tipos de negocios, entre ellos invertir en armamento.Los señores de las guerras amasan fortunas a través de los crímenes militares organizados.
No olvidemos que el fondo considera a Israel como uno de los principales centros tecnológicos del mundo. Y así lo promociona entre los inversores europeos para permitirles el acceso a las 25 empresas más grandes de la Bolsa de Tel Aviv.

El discurso del CEO de Blackrock parece apuntar al lucro cesante: cualquier expansión estatal sería un coste de oportunidad para un sector privado que planea extender sus servicios.

Participante en el accionariado de las compañías más importantes del planeta, Blackrock es proveedor de los mayores servicios de pensiones privadas.

Así como es gran inversionista en la industria farmacéutica.

Y dueño absoluto de los principales medios de información del mundo.

En una palabra: LO CONTROLA TODO.

Los políticos, son sus siervos. Tienen que ser sus siervos si desean estar en la política. En la política engañosa, sin rigor ni escrúpulos.



La carta, que te recomiendo leas hasta el final, dice así:
"Es hora de repensar la jubilación.

Cuando mi mamá falleció en 2012, mi papá comenzó a decaer rápidamente y mi hermano y yo tuvimos que revisar las facturas y las finanzas de mis padres.

Tanto mi mamá como mi papá tuvieron excelentes trabajos durante 50 años, pero nunca estuvieron en la categoría impositiva más alta. Mi mamá enseñaba inglés en la universidad estatal local (Cal Northridge) y mi papá era dueño de una zapatería.

No sé exactamente cuánto ganaban cada año, pero en dólares de hoy, probablemente no superaban los 150.000 dólares como pareja. Entonces, mi hermano y yo nos sorprendimos cuando vimos el tamaño de los ahorros para la jubilación de nuestros padres. Era un orden de magnitud mayor de lo que cabría esperar para una pareja que genera ingresos. Y cuando terminamos de repasar su patrimonio, supimos por qué: las inversiones de mis padres.

Mi papá siempre había sido un inversor entusiasta. Me animó a comprar mis primeras acciones (la empresa química DuPont) cuando era adolescente. Mi papá invirtió porque sabía que cualquier dinero que pusiera en los mercados de bonos o acciones probablemente crecería más rápido que en el banco. Y tenía razón.

Regresé e hice los cálculos. Si mis padres tuvieran 1.000 dólares para invertir en 1960 y pusieran ese dinero en el S&P 500, cuando alcanzaran la edad de jubilación en 1990, esos 1.000 dólares valdrían casi 20.000 dólares. 1 Eso es más del doble de lo que habrían ganado si simplemente hubieran depositado el dinero en una cuenta bancaria. Mi papá falleció unos meses después que mi mamá, alrededor de los 80 años. Pero mis padres podrían haber vivido más de 100 años y permitírselo cómodamente.

¿Por qué escribo sobre mis padres? Porque repasar sus finanzas me mostró algo sobre mi propia carrera en finanzas. Había estado trabajando en BlackRock durante casi 25 años cuando perdí a mi mamá y a mi papá, pero la experiencia me recordó, de una manera nueva y muy personal, por qué mis socios comerciales y yo fundamos BlackRock en primer lugar.

Obviamente, éramos empresarios ambiciosos y queríamos construir una empresa grande y exitosa. Pero también queríamos ayudar a la gente a jubilarse como lo hicieron mis padres. Por eso creamos un administrador de activos (una empresa que ayuda a las personas a invertir en los mercados de capitales) porque creíamos que participar en esos mercados iba a ser crucial para las personas que querían jubilarse cómodamente y financieramente seguras.

También creíamos que los mercados de capitales se convertirían en una parte cada vez mayor de la economía global. Si más personas pudieran invertir en los mercados de capital, se crearía un ciclo económico virtuoso, que impulsaría el crecimiento de empresas y países, lo que, a su vez, generaría riqueza para millones de personas más.

Mis padres vivieron sus últimos años con dignidad y libertad financiera. La mayoría de la gente no tiene esa oportunidad. Pero pueden. Los mismos tipos de mercados que ayudaron a mis padres en su época pueden ayudar a otros en nuestra época. De hecho, creo que el poder de los mercados de capital para generar crecimiento y prosperidad seguirá siendo una tendencia económica dominante durante el resto del siglo XXI.

Esta carta intenta explicar por qué.

Una breve (y ciertamente incompleta) historia de los mercados de capitales estadounidenses

En finanzas, hay dos formas básicas de conseguir o hacer crecer dinero.

Uno es el banco, que es en lo que históricamente ha confiado la mayoría de la gente. Depositaron sus ahorros para ganar intereses o pidieron préstamos para comprar una casa o ampliar su negocio. Pero con el tiempo surgió una segunda vía de financiación, particularmente en Estados Unidos, con el crecimiento de los mercados de capital: acciones, bonos y otros valores que cotizan en bolsa.

Lo vi de primera mano a finales de los años 1970 y principios de los 1980, cuando desempeñé un papel en la creación del mercado de titulización de hipotecas.

Antes de la década de 1970, la mayoría de las personas conseguían financiación para sus casas de la misma manera que lo hacían en el clásico navideño Es una vida maravillosa: a través de Building & Loan (B&L). Los clientes depositaban sus ahorros en B&L, que era esencialmente un banco. Entonces ese banco se daría la vuelta y prestaría esos ahorros en forma de hipotecas.

En la película (y en la vida real) todo funciona bien hasta que la gente empieza a hacer fila en la puerta del banco para pedir que les devuelvan sus depósitos. Como explicó Jimmy Stewart en la película, el banco no tenía su dinero. Estaba atado en la casa de otra persona.

Después de la Gran Depresión, los B&L se transformaron en ahorros y préstamos (S&L), que tuvieron su propia crisis en los años 1980. Aproximadamente la mitad de las hipotecas de viviendas pendientes en Estados Unidos estaban en manos de S&L en 1980, y la mala gestión del riesgo y las prácticas crediticias laxas condujeron a una serie de quiebras que costaron a los contribuyentes estadounidenses más de 100 mil millones de dólares.

Pero la crisis de las S&L no causó daños duraderos a la economía estadounidense. ¿Por qué? Porque al mismo tiempo que las S&L colapsaban, otro método de financiación se estaba fortaleciendo. Los mercados de capitales estaban brindando una vía para canalizar el capital hacia los mercados inmobiliarios en dificultades.

Se trataba de una titulización hipotecaria.

La titulización permitió a los bancos no sólo otorgar hipotecas sino también venderlas. Al vender hipotecas, los bancos podrían gestionar mejor el riesgo en sus balances y tener capital para prestar a los compradores de viviendas, razón por la cual la crisis de las S&L no afectó gravemente a la propiedad de viviendas en Estados Unidos.

Al final, los excesos de la titulización hipotecaria contribuyeron al colapso de 2008 y, a diferencia de la crisis de las S&L, la Gran Recesión sí perjudicó la propiedad de viviendas en Estados Unidos. El país aún no se ha recuperado completamente en ese sentido. Pero la tendencia subyacente más amplia –la expansión de los mercados de capitales– siguió siendo muy útil para la economía estadounidense.

De hecho, vale la pena considerarlo: ¿por qué Estados Unidos se recuperó a partir de 2008 más rápidamente que casi cualquier otra nación desarrollada?

Una gran parte de la respuesta son los mercados de capitales del país .

En Europa, donde la mayoría de los activos se mantuvieron en los bancos, las economías se congelaron cuando los bancos se vieron obligados a reducir sus balances. Por supuesto, los bancos estadounidenses tuvieron que endurecer los estándares de capital y también dejar de otorgar préstamos. Pero como Estados Unidos tenía una reserva secundaria de dinero más sólida (los mercados de capital), la nación pudo recuperarse mucho más rápidamente.

Hoy en día, las acciones y los bonos públicos proporcionan más del 70% del financiamiento de las corporaciones no financieras en Estados Unidos, más que cualquier otro país del mundo. En China, por ejemplo, la relación banco-mercado de capitales casi está invertida. Las empresas chinas dependen de préstamos bancarios para el 65% de su financiación.

En mi opinión, ésta es la lección más importante de la historia económica reciente: los países que aspiran a la prosperidad no sólo necesitan sistemas bancarios fuertes: también necesitan mercados de capital fuertes.

Esa lección ahora se está difundiendo por todo el mundo.

Replicar el éxito de los mercados de capitales de Estados Unidos.

El año pasado pasé muchos días viajando y registré visitas a 17 países diferentes. Me reuní con clientes y empleados. También me reuní con muchos responsables políticos y jefes de Estado, y durante esas reuniones, la conversación más frecuente que tuve fue sobre los mercados de capital.

Cada vez más países reconocen el poder de los mercados de capital estadounidenses y quieren construir los suyos propios.

Por supuesto, muchos países ya tienen mercados de capital. Hay alrededor de 80 bolsas de valores en todo el mundo, desde Kuala Lumpur hasta Johannesburgo. Pero la mayoría de ellos son bastante pequeños y requieren poca inversión. No son tan sólidos como los mercados de Estados Unidos, y eso es lo que otras naciones buscan cada vez más.

En Arabia Saudita, por ejemplo, el gobierno está interesado en construir un mercado para la titulización de hipotecas, mientras que Japón y la India quieren brindar a la gente nuevos lugares donde poner sus ahorros. Hoy en día, en Japón, es principalmente el banco. En la India, suele ser en oro.

Cuando visité la India en noviembre, me encontré con responsables políticos que lamentaban la afición de sus conciudadanos por el oro. La materia prima ha tenido un rendimiento inferior al del mercado de valores indio, lo que ha demostrado ser una inversión deficiente para los inversores individuales. La inversión en oro tampoco ha ayudado a la economía del país.

Compare invertir en oro con, digamos, invertir en una casa nueva. Cuando compras una casa, eso crea un efecto multiplicador económico porque necesitas amueblar y reparar la casa. Quizás tengas una familia y llenes la casa de niños. Todo aquello que genere actividad económica. Incluso cuando alguien pone su dinero en un banco, hay un efecto multiplicador porque el banco puede usar ese dinero para financiar una hipoteca. ¿Pero oro? Simplemente se encuentra en una caja fuerte. Puede ser una buena reserva de valor, pero el oro no genera crecimiento económico.

Este es un pequeño ejemplo, pero bueno, de lo que los países quieren lograr con mercados de capital sólidos. (O más bien, de lo que no pueden lograr sin ellos).

A pesar de la tensión anticapitalista en nuestra política moderna, la mayoría de los líderes mundiales todavía ven lo obvio: ninguna otra fuerza puede sacar a más personas de la pobreza o mejorar la calidad de vida como el capitalismo. Ningún otro modelo económico puede ayudarnos a alcanzar nuestras mayores esperanzas de libertad financiera, ya sea que la queramos para nosotros o para nuestro país.

Por eso los mercados de capital serán clave para abordar dos de los mayores desafíos económicos de mediados del siglo XXI .

1 El primero es brindarles a las personas lo que mis padres construyeron con el tiempo: una jubilación segura y bien merecida. Esta es una propuesta mucho más difícil que hace 30 años. Y será una propuesta mucho más difícil dentro de 30 años . La gente vive vidas más largas. Necesitarán más dinero. Los mercados de capital pueden proporcionarlo, siempre y cuando los gobiernos y las empresas ayuden a la gente a invertir.

2 Un segundo desafío es la infraestructura. ¿Cómo vamos a construir la enorme cantidad que el mundo necesita? A medida que los países descarbonizan y digitalizan sus economías, están sobrecargando la demanda de todo tipo de infraestructura, desde redes de telecomunicaciones hasta nuevas formas de generar energía. De hecho, en mis casi 50 años en finanzas, nunca he visto tanta demanda de infraestructura energética. Y eso se debe a que muchos países tienen dos objetivos: quieren hacer la transición a fuentes de energía con bajas emisiones de carbono y al mismo tiempo lograr la seguridad energética. Los mercados de capital pueden ayudar a los países a alcanzar sus objetivos energéticos, incluida la descarbonización, de una manera asequible.

Planteándonos la pregunta sobre la vejez: ¿Cómo podemos permitirnos vivir más tiempo?

El año pasado, Japón superó un hito demográfico. La población del país ha estado envejeciendo desde principios de los años 1990, a medida que el grupo de personas en edad de trabajar se ha reducido y el número de ancianos ha aumentado. Pero 2023 fue la primera vez que el 10% de su población superó los 80 años, convirtiendo a Japón en el “país más viejo del mundo” según las Naciones Unidas.

Esta es parte de la razón por la que el gobierno japonés está impulsando la inversión en jubilación.

La mayoría de los japoneses mantienen la mayor parte de sus ahorros para la jubilación en los bancos, ganando una tasa de interés baja. No fue una estrategia tan mala cuando Japón sufría deflación, pero ahora la economía del país se ha recuperado y el NIKKEI superó los 40.000 por primera vez este mes (marzo de 2024).

La mayoría de los aspirantes a jubilados se están perdiendo el repunte. El país no tuvo nada parecido a un programa 401(k) hasta 2001, pero incluso entonces, la cantidad de ingresos que la gente podía aportar era bastante baja. Por eso, hace una década, el gobierno lanzó las Cuentas de Ahorro Individual Nippon (NISA) para alentar a las personas a invertir aún más en la jubilación. Ahora están intentando duplicar la inscripción de NISA. El objetivo es conseguir 34 millones de inversores japoneses antes de que finalice la década. Requerirá que el gobierno japonés expanda sus mercados de capital, que históricamente tuvieron muy poca participación minorista.

Japón no es el único país que ayuda a más ciudadanos a invertir para su jubilación. BlackRock tiene una empresa conjunta, Jio BlackRock, con Jio Financial Services, una filial de Reliance Industries de India. En los últimos 10 años, India ha construido una enorme red de infraestructura pública digital que conecta a casi mil millones de indios con todo, desde atención médica hasta pagos gubernamentales a través de sus teléfonos inteligentes. El objetivo de Jio BlackRock es utilizar la misma infraestructura para ofrecer inversiones para la jubilación (y más).

Después de todo, la India también está envejeciendo. El mundo entero lo está, aunque a diferentes velocidades. Brasil comenzará a ver más personas abandonando su fuerza laboral que ingresando a ella para 2035; México alcanzará su pico de fuerza laboral para 2040; India en algún momento alrededor de 2050.

A medida que la población envejece, generar ahorros para la jubilación nunca ha sido más urgente

A mediados de siglo, una de cada seis personas en todo el mundo tendrá más de 65 años, frente a una de cada 11 en 2019. Para apoyarlos, los gobiernos tendrán que priorizar la construcción de mercados de capital sólidos como Estados Unidos lo tiene.

Pero esto no quiere decir que el sistema de jubilación estadounidense sea perfecto. No estoy seguro de que alguien crea eso. El sistema de jubilación en Estados Unidos necesita, como mínimo, una modernización.

Repensar la jubilación en Estados Unidos

Esto quedó particularmente claro el año pasado cuando la industria biotecnológica lanzó una avalancha de nuevos medicamentos que prolongan la vida. La obesidad, por ejemplo, puede reducir la esperanza de vida de una persona en más de 10 años, razón por la cual algunos investigadores piensan que los nuevos productos farmacéuticos como Ozempic y Wegovy pueden prolongar la vida, no sólo medicamentos para perder peso. De hecho, un estudio reciente muestra que la semaglutida, el nombre genérico de Ozempic, puede brindar a las personas con enfermedades cardiovasculares dos años adicionales de vida sin sufrir una afección grave como un ataque cardíaco.

Estos medicamentos son avances. Pero subrayan una ironía frustrante: como sociedad, concentramos una enorme cantidad de energía en ayudar a las personas a vivir vidas más largas. Pero ni siquiera una fracción de ese esfuerzo se dedica a ayudar a las personas a pagar esos años adicionales.

No siempre fue así. Una de las razones por las que mis padres tuvieron una jubilación financieramente segura fue CalPERS, el sistema de pensiones estatal de California. Como empleada de una universidad pública, mi mamá podría matricularse. Pero la inscripción en pensiones ha ido disminuyendo en todo el país desde los años 1980. Mientras tanto, el gobierno federal ha dado prioridad a mantener los beneficios sociales para las personas de mi edad (tengo 71 años), aunque eso podría significar que la Seguridad Social tendrá dificultades para cumplir con todas sus obligaciones cuando los trabajadores más jóvenes se jubilen.

No es de extrañar que las generaciones más jóvenes, los Millennials y la Generación Z, estén tan ansiosas económicamente. Creen que mi generación (los Baby Boomers) se ha centrado en su propio bienestar financiero en detrimento de quién vendrá después. Y en el caso de la jubilación, tienen razón.

Hoy en Estados Unidos, el mensaje de jubilación que el gobierno y las empresas transmiten a sus trabajadores es: "Estáis solos". Y antes de que mi generación desaparezca por completo de los puestos de liderazgo político y empresarial, tenemos la obligación de cambiar eso.

Quizás una vez por década, Estados Unidos enfrente un problema tan grande y urgente que los líderes gubernamentales y corporativos dejen de hacer lo mismo de costumbre. Salen de sus silos y se sientan alrededor de la misma mesa para encontrar una solución. Participé en algo como esto después de 2008, cuando el gobierno necesitaba encontrar una manera de deshacerse de los activos tóxicos de la crisis hipotecaria. Más recientemente, los directores ejecutivos de tecnología y el gobierno federal se unieron para abordar la fragilidad de la cadena de suministro de semiconductores de Estados Unidos. Necesitamos hacer algo similar con la crisis de las jubilaciones. Estados Unidos necesita un esfuerzo organizado y de alto nivel para garantizar que las generaciones futuras puedan vivir sus últimos años con dignidad.

¿Qué debería lograr ese esfuerzo nacional? No tengo todas las respuestas. Pero lo que sí tengo son algunos datos y los inicios de algunas ideas del trabajo de BlackRock. Porque nuestro negocio principal es la jubilación.

Más de la mitad de los activos que gestiona BlackRock están destinados a la jubilación. Ayudamos a unos 35 millones de estadounidenses a invertir para vivir después del trabajo, lo que representa aproximadamente una cuarta parte de los trabajadores del país. Muchos son educadores como lo fue mi mamá. BlackRock ayuda a gestionar los activos de pensiones de aproximadamente la mitad de los profesores de escuelas públicas estadounidenses. Y este trabajo (y nuestro trabajo similar en todo el mundo) nos ha dado una idea de cómo podría comenzar una iniciativa nacional para modernizar la jubilación.

Creemos que la conversación comienza mirando el desafío a través de tres lentes diferentes.

¿Cuál es el problema desde la perspectiva de un trabajador actual , alguien que todavía está intentando ahorrar para la jubilación? ¿Qué pasa con alguien que ya se ha jubilado? Tenemos que mirar el problema desde el punto de vista del jubilado: un individuo que ya ha ahorrado lo suficiente para dejar de trabajar pero teme que se le acabe el dinero. Pero primero es importante considerar la jubilación en Estados Unidos como se miraría un mapa de Estados Unidos: una imagen de alto nivel del problema, del tipo que podría considerar un formulador de políticas nacionales. ¿Cuál es el problema para la población en su conjunto? (Es demografía).
La demografía no miente

Hay un dicho popular en economía: "Simplemente no se puede luchar contra la demografía". Y, sin embargo, en lo que respecta a la jubilación, Estados Unidos lo está intentando de todos modos.

En los países ricos, la mayoría de los sistemas de jubilación tienen tres pilares. Una es lo que la gente invierte personalmente (mi papá poniendo su dinero en la bolsa de valores). Otro son los planes proporcionados por los empleadores (la pensión CalPERS de mi madre). Un tercer componente es del que oímos hablar principalmente a los políticos: la red de seguridad gubernamental. En Estados Unidos, esto es la Seguridad Social.

Probablemente esté familiarizado con la economía detrás del Seguro Social. Durante sus años de trabajo, el gobierno toma una parte de sus ingresos y luego, después de que se jubila, le envía un cheque todos los meses. En realidad, la idea se origina en la Alemania anterior a la Primera Guerra Mundial, y estos programas de “seguro de vejez” gradualmente se hicieron populares a lo largo del siglo XX, en gran medida porque la demografía tenía sentido.

Piense en alguien que tenía 65 años en 1952, el año en que yo nací. Si no se había jubilado ya, esa persona probablemente se estaba preparando para dejar de trabajar.

Pero ahora piense en los antiguos colegas de esa persona, todas las personas de su edad con las que había ingresado a la fuerza laboral allá por la década de 1910. Los datos muestran que en 1952, la mayoría de esas personas no se estaban preparando para la jubilación porque ya habían fallecido .

Así es como funcionó el programa de Seguridad Social: más de la mitad de las personas que trabajaron y cotizaron al sistema nunca vivieron para jubilarse y recibir pagos del sistema.

Hoy en día, esta demografía se ha desmoronado por completo, y este desmoronamiento es obviamente algo maravilloso. Deberíamos querer que más personas vivan más años. Pero no podemos pasar por alto el enorme impacto en el sistema de jubilación del país.

No es sólo que más personas se estén jubilando en Estados Unidos; también es que sus jubilaciones son cada vez más largas. Hoy en día, si está casado y tanto usted como su cónyuge tienen más de 65 años, hay una probabilidad de 50/50 de que al menos uno de ustedes reciba un cheque del Seguro Social hasta que tenga 90 años.

Todo esto está sometiendo al sistema de jubilación estadounidense a una enorme presión. La propia Administración de la Seguridad Social dice que para 2034 no podrá pagar a las personas sus beneficios completos.

¿Cuál es la solución aquí? Nadie debería tener que trabajar más tiempo del que desea. Pero sí creo que es un poco loco que nuestra idea central sobre la edad de jubilación adecuada (65 años) se origine en la época del Imperio Otomano.

La humanidad ha cambiado en los últimos 120 años. También debe hacerlo nuestra concepción de la jubilación.

Un país que ha repensado la jubilación es Holanda. Para mantener asequible su pensión estatal, los holandeses decidieron hace más de 10 años aumentar gradualmente la edad de jubilación. Ahora se ajustará automáticamente a medida que cambie la esperanza de vida del país.

Obviamente, implementar esta política en otros lugares sería una tarea política enorme. Pero lo que quiero decir es que deberíamos empezar a tener la conversación . Cuando las personas viven normalmente después de los 90 años, ¿cuál debería ser la edad promedio de jubilación?

O en lugar de retroceder cuando las personas reciben beneficios de jubilación, tal vez haya una idea políticamente más aceptable: ¿Cómo animamos a más personas que deseen trabajar más tiempo con zanahorias en lugar de palos? ¿Qué pasaría si el gobierno y el sector privado trataran a las personas mayores de 60 años como trabajadores al final de su carrera con mucho que ofrecer en lugar de personas que deberían jubilarse?

Una forma en que Japón ha gestionado su envejecida economía es haciendo exactamente esto. Han encontrado nuevas formas de aumentar la tasa de participación de la fuerza laboral, una métrica que ha estado disminuyendo en Estados Unidos desde principios de la década de 2000. Vale la pena preguntarse: ¿Cómo puede Estados Unidos detener (o al menos frenar) esa tendencia?

Una vez más, no pretendo tener las respuestas. A pesar del éxito de BlackRock al ayudar a millones de personas a jubilarse, estas preguntas tendrán que plantearse a una gama más amplia de inversores, jubilados, formuladores de políticas y otros. Durante los próximos meses, BlackRock anunciará una serie de asociaciones e iniciativas para lograr precisamente eso, y lo invito a unirse a nosotros.

Para los trabajadores, hacer que la inversión sea (casi) automática

Cuando la Oficina del Censo de EE. UU. publicó su encuesta periódica sobre las finanzas de los consumidores en 2022, casi la mitad de los estadounidenses de entre 55 y 65 años informaron que no tenían ni un solo dólar ahorrado en cuentas personales de jubilación. Nada en una pensión. Cero en una IRA o 401(k).

¿Por qué? Bueno, la primera barrera para la inversión para la jubilación es la asequibilidad.

Cuatro de cada 10 estadounidenses no tienen 400 dólares de sobra para cubrir una emergencia como la reparación de un automóvil o una visita al hospital. ¿Quién va a invertir dinero para una jubilación dentro de 30 años si no tiene efectivo para hoy? Nadie. Es por eso que la fundación de BlackRock ha trabajado con un grupo de organizaciones sin fines de lucro para establecer una Iniciativa de Ahorro de Emergencia. El programa ha ayudado a estadounidenses, en su mayoría de bajos ingresos, a ahorrar un total de 2.000 millones de dólares en nuevos ahorros líquidos.

Los estudios muestran que cuando las personas tienen ahorros de emergencia, tienen un 70% más de probabilidades de invertir para la jubilación. Pero aquí es donde los trabajadores se topan con otra barrera: invertir es complejo incluso si uno se lo puede permitir.

Nadie nace inversor nato. Es importante decir esto porque a veces en la industria de servicios financieros damos a entender lo contrario. Hacemos que parezca que ahorrar para la jubilación puede ser una tarea sencilla, algo que cualquiera puede hacer con un poco de práctica, como conducir el coche al trabajo. Simplemente toma tus llaves y súbete al asiento del conductor. Pero financiar la jubilación no es tan intuitivo. La mejor analogía es si alguien dejara caer un montón de motores y autopartes en el camino de entrada de su casa y dijera: "Descúbrelo".

En BlackRock, hemos intentado hacer que el proceso de inversión sea más intuitivo inventando productos más simples como fondos con fecha objetivo. Sólo exigen que las personas tomen una decisión: ¿en qué año esperan jubilarse? Una vez que las personas eligen su “fecha objetivo”, el fondo ajusta automáticamente su cartera, pasando de acciones de mayor rendimiento a bonos de menor riesgo a medida que se acerca la jubilación.

En 2023, BlackRock amplió los tipos de ETF con fecha objetivo que ofrecemos para que las personas puedan comprarlos más fácilmente incluso si no trabajan para empleadores que ofrecen un plan de jubilación. Hay 57 millones de personas así en Estados Unidos (granjeros, trabajadores autónomos, empleados de restaurantes, contratistas independientes) que no tienen acceso a un plan de contribución definida. Y si bien mejores productos de inversión pueden ayudar, existen límites a lo que puede hacer algo como un fondo con fecha objetivo. De hecho, para la mayoría de las personas, los datos muestran que la parte más difícil de la inversión para la jubilación recién comienza.

Otras naciones simplifican las cosas para sus trabajadores a tiempo parcial y subcontratados. En Australia, los empleadores deben aportar una parte de los ingresos de cada trabajador entre 18 y 70 años a una cuenta de jubilación, que luego pertenece al empleado. La Garantía de Jubilación se introdujo en 1992, cuando el país parecía encaminarse hacia una crisis de jubilación. Treinta y dos años después, es probable que los australianos tengan más ahorros para la jubilación per cápita que cualquier otro país. La nación tiene la 54ª población más grande del mundo , pero el cuarto sistema de jubilación más grande.

Por supuesto, cada país es diferente, por lo que cada sistema de jubilación debería ser diferente. Pero la experiencia de Australia con los Supers podría ser un buen modelo para que los responsables políticos estadounidenses lo estudien y aprovechen. Algunos ya lo son. Hay alrededor de 20 estados de EE.UU. (como Colorado y Virginia) que han instituido sistemas de jubilación para cubrir a todos los trabajadores como lo hace Australia, incluso si son trabajadores por cuenta ajena o a tiempo parcial.

Es bueno que los legisladores estén proponiendo diferentes proyectos de ley y que los estados se estén convirtiendo en "laboratorios de jubilación". Más deberían considerarlo. Los beneficios podrían ser enormes para los jubilados individuales. Estos nuevos programas también podrían ayudar a Estados Unidos a garantizar la solvencia a largo plazo de la Seguridad Social. Eso es lo que encontró Australia: su Garantía de Jubilación alivió la tensión financiera en el programa público de pensiones de su país.

Pero ¿qué pasa con los trabajadores que sí tienen acceso a un plan de jubilación del empleador? Ellos también necesitan apoyo.

Incluso entre los empleados que tienen acceso a los planes del empleador, el 17% no se inscribe en ellos, y la hipótesis entre los expertos en jubilación es que no se trata de una elección consciente. La gente simplemente está ocupada.

Suena trivial, pero incluso la hora que le lleva a alguien buscar en la bandeja de entrada de su correo electrónico del trabajo el enlace correcto al sistema de jubilación de su empresa y luego seleccionar el porcentaje de sus ingresos que quiere contribuir puede ser un obstáculo insuperable. Es por eso que las empresas deberían hacer un esfuerzo consciente para analizar cuál es su opción predeterminada. ¿Las personas están inscritas automáticamente en un plan o no? ¿Y cuánto se inscriben automáticamente para contribuir? ¿Es un porcentaje mínimo de sus ingresos? ¿O el máximo?

En 2017, el economista de la Universidad de Chicago, Richard Thaler, ganó el Premio Nobel, en parte, por su trabajo pionero en torno a los “empujones”, pequeños cambios en las políticas que pueden tener un enorme impacto en la vida financiera de las personas. La inscripción automática es una de ellas. Los estudios muestran que el simple paso de hacer que la inscripción sea automática aumenta la participación en el plan de jubilación en casi un 50%.

Como nación, debemos hacer todo lo posible para que la inversión para la jubilación sea más automática para los trabajadores.

Para los jubilados, ayúdelos a gastar lo que ahorraron.

En 2018, BlackRock encargó un estudio a 1.150 jubilados estadounidenses. Cuando profundizamos en los datos, encontramos algo inesperado, incluso paradójico.

La encuesta mostró que después de casi dos décadas de jubilación, la persona promedio todavía tenía ahorrado el 80% de su dinero previo a la jubilación. Estamos hablando de personas que probablemente tenían entre 75 y 95 años. Si habían invertido para la jubilación, probablemente tenían dinero más que suficiente para el resto de sus vidas. Y, sin embargo, los datos también mostraron que estaban preocupados por sus finanzas. Sólo el 32% afirmó sentirse cómodo gastando lo que ahorraba.

Esta paradoja de la jubilación tiene una explicación sencilla: incluso las personas que saben cómo ahorrar para la jubilación no saben cómo gastarla .

En Estados Unidos, las raíces de este problema se remontan a más de cuatro décadas, cuando los empleadores comenzaron a cambiar de planes de beneficios definidos (pensiones) a planes de contribuciones definidas como los 401(k).

En muchos sentidos, las pensiones eran mucho más sencillas que el 401(k). Tuviste un trabajo en algún lugar durante 20 o 30 años. Luego, cuando se jubilaba, su pensión le pagaba una cantidad fija (un beneficio definido) cada mes.

Cuando ingresé a la fuerza laboral en la década de 1970, el 38% de los estadounidenses tenía uno de estos planes de beneficios definidos, pero en 2008 el porcentaje se había reducido casi a la mitad. Mientras tanto, la fracción de estadounidenses con planes de contribución definida casi se cuadruplicó.

Esto debería haber sido algo bueno. A partir de los Baby Boomers, cada vez menos trabajadores pasaban toda su carrera en un solo lugar, lo que significaba que necesitaban una opción de jubilación que los siguiera de un trabajo a otro. En teoría, los 401(k) hacían eso. ¿Pero en la práctica? No precisamente.

Cualquiera que haya cambiado de trabajo sabe lo poco intuitivo que es transferir sus ahorros para la jubilación. De hecho, los estudios muestran que alrededor del 40% de los empleados retiran sus planes 401(k) cuando cambian de trabajo, lo que los coloca nuevamente en la línea de partida de los ahorros para la jubilación.

El verdadero inconveniente de la contribución definida fue que eliminaba la mayor parte de la responsabilidad de la jubilación de los empleadores y la colocaba directamente sobre los hombros de los propios empleados. Con las pensiones, las empresas tenían una obligación muy clara con sus trabajadores. Su dinero de jubilación era un pasivo financiero en el balance empresarial. Las empresas sabían que tendrían que emitir un cheque todos los meses a cada uno de sus jubilados. Pero los planes de contribución definida acabaron con eso, obligando a los jubilados a cambiar un flujo constante de ingresos por un problema matemático imposible.

Debido a que la mayoría de las cuentas de contribución definida no vienen con instrucciones sobre cuánto puede retirar cada mes, los ahorradores individuales primero deben acumular ahorros y luego gastarlos a un ritmo que les dure el resto de sus vidas. ¿Pero quién sabe realmente cuánto tiempo durará?

En pocas palabras, el paso del beneficio definido a la contribución definida ha sido, para la mayoría de las personas, un paso de la certeza financiera a la incertidumbre financiera .

Es por eso que casi al mismo tiempo que vimos los datos de que los jubilados estaban nerviosos por gastar sus ahorros, comenzamos a preguntarnos: ¿había algo que pudiéramos hacer al respecto? ¿Podríamos desarrollar una estrategia de inversión que proporcionara la flexibilidad de una inversión 401(k) pero también el potencial de un flujo de ingresos predecible, similar a un cheque de pago, similar a una pensión?

Resulta que podríamos. Esa estrategia se llama LifePath Paycheck™ y estará disponible en abril. Mientras escribo esto, 14 patrocinadores de planes de jubilación planean poner LifePath Paycheck™ a disposición de 500.000 empleados. Creo que algún día será la estrategia de inversión más utilizada en planes de aportación definida.

Estamos hablando de una revolución en la jubilación. Y si bien esto puede suceder primero en Estados Unidos, eventualmente otros países también se beneficiarán de la innovación. Al menos esa es mi esperanza. Porque si bien la jubilación es principalmente un desafío de ahorro, los datos son claros: también es un desafío de gasto.

Miedo versus esperanza

Antes de concluir esta sección sobre la jubilación, quiero compartir algunas palabras sobre una de las mayores barreras para invertir en el futuro. En mi opinión, no se trata sólo de la asequibilidad o la complejidad o el hecho de que las personas estén demasiado ocupadas para inscribirse en el plan de su empleador.

Podría decirse que la mayor barrera para invertir para la jubilación (o para cualquier otra cosa) es el miedo.

En finanzas, a veces pensamos en el “miedo” como un concepto emocional y confuso, no como un dato económico concreto. Pero eso es lo que es. El miedo es una métrica tan importante y procesable como el PIB. Después de todo, la inversión (o la falta de ella) es sólo una medida de miedo porque nadie deja que su dinero permanezca en una acción o un bono durante 30 o 40 años si teme que el futuro sea peor que el presente. Fue entonces cuando pusieron su dinero en un banco. O debajo del colchón. Esto es lo que sucede en muchos países. En China, donde nuevas encuestas muestran que la confianza del consumidor ha caído a su nivel más bajo en décadas, los ahorros de los hogares han alcanzado su nivel más alto registrado: casi 20 billones de dólares, según el banco central. China tiene una tasa de ahorro de alrededor del 30%. Casi un tercio de todo el dinero ganado se guarda en efectivo en caso de que sea necesario para tiempos más difíciles que se avecinan. Estados Unidos, en comparación, tiene una tasa de ahorro de un solo dígito.

Estados Unidos rara vez ha sido un país temeroso. La esperanza ha sido el mayor activo económico de la nación. La gente pone su dinero en los mercados estadounidenses por la misma razón que invierte en sus hogares y negocios: porque creen que este país será mejor mañana de lo que es hoy.

Este Estados Unidos grande y esperanzador ha sido el que he conocido toda mi vida, pero en los últimos años, especialmente porque he tenido más nietos, comencé a preguntarme: ¿conocerán ellos también esta versión de Estados Unidos?

Mientras terminaba esta carta, The Wall Street Journal publicó un artículo que me llamó la atención. Se titulaba “Los años difíciles que convirtieron a la Generación Z en los votantes más desilusionados de Estados Unidos” e incluía algunos datos llamativos (y realmente desalentadores).

El artículo mostró que desde mediados de la década de 1990 hasta la mayor parte del siglo XXI , la mayoría de los jóvenes (alrededor del 60% de los estudiantes de último año de secundaria, para ser específicos) creían que obtendrían un título profesional, conseguirían un buen trabajo y llegar a ser más rico que sus padres. Eran optimistas. Pero desde la pandemia, ese optimismo ha caído precipitadamente.

En comparación con hace 20 años, el grupo actual de jóvenes estadounidenses tiene un 50% más de probabilidades de cuestionar si la vida tiene un propósito. Cuatro de cada 10 dicen que es “difícil tener esperanza para el mundo”.

Llevo casi 50 años trabajando en finanzas. He visto muchos números. Pero ningún dato me ha preocupado más que éste.

La falta de esperanza me preocupa como director ejecutivo. Me preocupa como abuelo. Pero, sobre todo, me preocupa como estadounidense.

Si las generaciones futuras no tienen esperanzas sobre este país y su futuro en él, entonces Estados Unidos no sólo perderá la fuerza que hace que la gente quiera invertir. Estados Unidos perderá lo que lo convierte en Estados Unidos. Sin esperanza, corremos el riesgo de convertirnos en un lugar más donde las personas miran la estructura de incentivos que tienen ante sí y deciden que la opción segura es la única opción. Corremos el riesgo de convertirnos en un país donde la gente guarda su dinero debajo del colchón y sus sueños reprimidos en su dormitorio.

¿Cómo recuperamos nuestra esperanza?

Ya sea que estemos tratando de resolver la jubilación o cualquier otro problema, esa es la primera pregunta que debemos hacernos, aunque admito fácilmente que no tengo la solución. Miro el estado de Estados Unidos (y del mundo) y me quedo tan sin respuestas como todos los demás. Hay tanta ira y división, y a menudo me cuesta entenderlo.

Lo que sí sé es que cualquier respuesta debe comenzar por incorporar a los jóvenes. Las mismas encuestas que muestran su falta de esperanza también muestran su falta de confianza (mucha menos que la de cualquier generación anterior) en todos los pilares de la sociedad: en la política, el gobierno, los medios de comunicación y las corporaciones. Los líderes de estas instituciones (yo soy uno de ellos) deberían ser empáticos con sus preocupaciones.

Los jóvenes han perdido la confianza en las generaciones mayores. La carga de recuperarlo recae sobre nosotros. Y tal vez invertir para sus objetivos a largo plazo, incluida la jubilación, no sea un mal punto de partida.

Quizás la mejor manera de empezar a generar esperanza sea diciéndoles a los jóvenes: “Quizás no te sientas muy esperanzado acerca de tu futuro. Pero lo hacemos. Y le ayudaremos a invertir en ello”.

El nuevo plan de infraestructura: acero, hormigón y colaboración público-privada.

Comencé a viajar a Londres en la década de 1980 y, en aquel entonces, si podías elegir entre los dos principales aeropuertos internacionales de la ciudad, Heathrow o Gatwick, probablemente elegirías Heathrow. Gatwick estaba más lejos de la ciudad. También estaba en un estado comparativo de deterioro.

Pero las cosas cambiaron en 2009 cuando Global Infrastructure Partners (GIP) compró Gatwick. Aumentaron la capacidad de las pistas e instituyeron cambios de sentido común, como bandejas de equipaje de gran tamaño que redujeron los tiempos de control de seguridad a más de la mitad.

"Lo que pasa con las empresas de infraestructura... es que muchas de ellas tienden a no centrarse en el servicio al cliente", dijo el director ejecutivo de GIP, Bayo Ogunlesi, al Financial Times . GIP quería hacer que Gatwick fuera diferente. En el proceso, también convirtieron el aeropuerto en un excelente ejemplo de cómo se construirá y administrará la infraestructura en el siglo XXI , con capital privado.

En Estados Unidos, la gente tiende a pensar en la infraestructura como una tarea gubernamental, algo construido con fondos de los contribuyentes. Pero debido a una razón muy importante en la que profundizaré en un momento, esa no será la forma principal en que se construye la infraestructura a mediados del siglo XXI . En lugar de recurrir únicamente a las tesorerías gubernamentales para construir puentes, redes eléctricas y aeropuertos, el mundo hará lo que hizo Gatwick.

El futuro de la infraestructura es la asociación público-privada.

La deuda importa

El sector de infraestructura de un billón de dólares es uno de los segmentos de más rápido crecimiento de los mercados privados, y existen algunas tendencias macroeconómicas innegables que impulsan este crecimiento. En los países en desarrollo, la gente se está enriqueciendo, impulsando la demanda de todo, desde energía hasta transporte, mientras que en los países ricos, los gobiernos necesitan construir nueva infraestructura y reparar la vieja.

Incluso en Estados Unidos, donde la Administración Biden ha convertido en ley las inversiones generacionales en infraestructura, todavía hay 2 billones de dólares en mantenimiento diferido.

¿Cómo pagaremos toda esta infraestructura? La razón por la que creo que tendrá que ser alguna combinación de dólares públicos y privados es que la financiación probablemente no puede provenir únicamente del gobierno. La deuda es simplemente demasiado alta.

Desde Italia hasta Sudáfrica, muchas naciones están sufriendo las cargas de deuda más altas de su historia. La deuda pública se ha triplicado desde mediados de la década de 1970, alcanzando el 92% del PIB mundial en 2022. Y en Estados Unidos, la situación es más urgente de lo que puedo recordar. Desde el inicio de la pandemia, Estados Unidos ha emitido aproximadamente 11,1 billones de dólares de nueva deuda, y la cantidad es sólo una parte de la emisión. También está la tasa de interés que el Tesoro debe pagar por ello.

Hace tres años, el tipo de interés de una letra del Tesoro a 10 años estaba por debajo del 1%. Pero mientras escribo esto, es más del 4%, y ese aumento de 3 puntos porcentuales es muy peligroso. Si las tasas actuales se mantienen, equivaldría a un billón de dólares adicional en pagos de intereses durante la próxima década.

¿Por qué esta deuda es un problema ahora? Porque históricamente Estados Unidos ha pagado deuda antigua emitiendo nueva deuda en forma de títulos del Tesoro. Es una estrategia viable siempre que la gente quiera comprar esos valores, pero en el futuro, Estados Unidos no puede dar por sentado que los inversores querrán comprarlos en tal volumen o con la prima que tienen actualmente.

Hoy en día, alrededor del 30% de los títulos del Tesoro estadounidense están en manos de gobiernos o inversores extranjeros. Es probable que ese porcentaje disminuya a medida que más países construyan sus propios mercados de capital e inviertan a nivel nacional.

Más líderes deberían prestar atención a la creciente deuda de Estados Unidos. Existe un mal escenario en el que la economía estadounidense empieza a parecerse a la japonesa a finales de los años 1990 y principios de los 2000, cuando la deuda excedía el PIB y conducía a períodos de austeridad y estancamiento. Un Estados Unidos con un alto endeudamiento también sería un país en el que sería mucho más difícil combatir la inflación, ya que las autoridades monetarias no podrían aumentar las tasas sin aumentar dramáticamente una factura de servicio de la deuda ya insostenible.

¿Pero es inevitable una crisis de deuda? No.

Si bien la disciplina fiscal puede ayudar a controlar la deuda en los márgenes, será muy difícil (tanto política como matemáticamente) aumentar los impuestos o recortar el gasto al nivel que Estados Unidos necesitaría para reducir drásticamente la deuda. Pero hay otra salida más allá de los impuestos o los recortes: el crecimiento. Si el PIB de Estados Unidos crece a un promedio del 3% (en términos reales, no nominales) durante los próximos cinco años, eso mantendría la relación deuda/PIB del país en 120%: alto, pero razonable.

Debo ser claro: un crecimiento del 3% es una tarea muy difícil, especialmente teniendo en cuenta el envejecimiento de la fuerza laboral del país. Será necesario que los responsables de las políticas cambien su enfoque. Ya no podemos ver la deuda como un problema que sólo puede resolverse mediante recortes de impuestos y gastos. En cambio, los esfuerzos de deuda de Estados Unidos tienen que centrarse en políticas pro-crecimiento , que incluyen recurrir a los mercados de capital para construir uno de los mejores catalizadores del crecimiento: la infraestructura. Especialmente infraestructura energética.

Pragmatismo energético

Carreteras. Puentes. Puertos. Aeropuertos. Torres de telefonía celular. El sector de infraestructura contiene multitudes, pero la multitud donde BlackRock ve posiblemente la mayor demanda de nuevas inversiones es la infraestructura energética.

¿Por qué energía? En el sector están sucediendo dos cosas al mismo tiempo.

La primera es la “transición energética”. Es una megafuerza, una importante tendencia económica impulsada por naciones que representan el 90% del PIB mundial. Dado que la energía eólica y solar es ahora más barata en muchos lugares que la electricidad generada con combustibles fósiles, estos países están instalando cada vez más energías renovables. También es una forma importante de abordar el cambio climático. Este cambio –o transición energética– ha creado un efecto dominó en los mercados, generando riesgos y oportunidades para los inversores, incluidos los clientes de BlackRock.

Comencé a escribir sobre la transición en 2020. Desde entonces, el tema se ha vuelto más polémico en Estados Unidos. Pero fuera del debate, muchas cosas siguen igual. La gente todavía está invirtiendo mucho en la descarbonización. En Europa, por ejemplo, el cero neto sigue siendo una de las principales prioridades de inversión para la mayoría de los clientes de BlackRock. Pero ahora la demanda de energía limpia se está viendo amplificada por algo más: un enfoque en la seguridad energética.

Los gobiernos han estado buscando la seguridad energética desde la crisis del petróleo de la década de 1970 (y probablemente desde principios de la Revolución Industrial), por lo que esta no es una tendencia nueva. De hecho, cuando escribí mi carta original de 2020 sobre sostenibilidad, también escribí a nuestros clientes que los países seguirían necesitando producir petróleo y gas para satisfacer sus necesidades energéticas.

Para tener seguridad energética, escribí, la mayor parte del mundo necesitaría “depender de los hidrocarburos durante varios años”.

Luego, en 2022, Putin invadió Ucrania. La guerra encendió una nueva chispa bajo la idea de seguridad energética. Perturbó el suministro mundial de petróleo y gas provocando una inflación energética masiva, particularmente en Europa. El Reino Unido, Noruega y los 27 países de la UE tuvieron que gastar colectivamente 800 mil millones de euros para subsidiar las facturas de energía.

Esta es parte de la razón por la que escucho a más líderes hablar juntos sobre descarbonización y seguridad energética bajo la bandera conjunta de lo que se podría llamar “pragmatismo energético”.

El año pasado, como mencioné, visité 17 países y pasé mucho tiempo hablando con las personas responsables de alimentar hogares y empresas, desde primeros ministros hasta operadores de redes eléctricas. El mensaje que escuché fue completamente opuesto al que se escucha a menudo de activistas de extrema izquierda y derecha que dicen que los países tienen que elegir entre energías renovables y petróleo y gas. Estos líderes creen que el mundo todavía necesita ambos. Eran mucho más pragmáticos que dogmáticos en materia de energía. Incluso los más conscientes del clima vieron que su camino a largo plazo hacia la descarbonización incluirá hidrocarburos, aunque en menor cantidad, durante algún tiempo.

Alemania es un buen ejemplo de cómo el pragmatismo energético sigue siendo un camino hacia la descarbonización. Es uno de los países más comprometidos con la lucha contra el cambio climático y ha realizado enormes inversiones en energía eólica y solar. Pero a veces en Berlín no sopla el viento y en Múnich no brilla el sol. Y durante esos períodos sin viento y sin sol, el país todavía necesita depender del gas natural para obtener “energía distribuible”. Alemania solía obtener ese gas de Rusia, pero ahora necesita buscar en otra parte. Por eso, están construyendo instalaciones de gas adicionales para importar de otros productores de todo el mundo.

O mire a Texas. Se enfrentan a un desafío energético similar, no a causa de Rusia sino a causa de la economía. El estado es uno de los de más rápido crecimiento en Estados Unidos, y la demanda adicional de energía está llevando al límite a ERCOT, la red energética de Texas.

Hoy en día, Texas funciona con un 28% de energía renovable 56 , un 6% más que Estados Unidos en su conjunto. Pero sin 10 gigavatios adicionales de energía distribuible, que podría tener que provenir parcialmente del gas natural, el estado podría seguir sufriendo apagones devastadores. En febrero, BlackRock ayudó a convocar una cumbre de inversores y responsables políticos en Houston para ayudar a encontrar una solución.

Texas y Alemania son excelentes ejemplos de cómo es la transición energética. Como escribí en 2020, la transición sólo tendrá éxito si es “justa”. Nadie apoyará la descarbonización si eso significa renunciar a calentar su casa en invierno o enfriarla en verano. O si el coste de hacerlo es prohibitivo.

Desde 2020, los economistas han popularizado un lenguaje mejor para describir lo que realmente significa una transición justa. Un concepto importante es el de la “prima verde”. Es el recargo que la gente paga por “volverse ecológico”: por ejemplo, cambiar de un automóvil que funciona con gasolina a un vehículo eléctrico. Cuanto menor sea la prima verde, más justa será la descarbonización porque será más asequible.

Aquí es donde el poder de los mercados de capitales puede liberarse con gran efecto. La inversión privada puede ayudar a las empresas de energía a reducir el costo de sus innovaciones y ampliarlas en todo el mundo. El año pasado, BlackRock invirtió en más de una docena de estos proyectos de transición en nombre de nuestros clientes. Nos asociamos con desarrolladores del sudeste asiático con el objetivo de construir más de un gigavatio de capacidad solar (suficiente para alimentar una ciudad) tanto en Tailandia como en Filipinas. También invertimos en Lake Turkana Wind Power, el parque eólico más grande de África. Está ubicada en Kenia y actualmente representa alrededor del 12% de la generación de energía del país.

También hay tecnologías en etapas anteriores, como una batería gigante de “roca caliente” que está construyendo Antora Energy. La empresa calienta bloques de carbono con energía eólica o solar durante las horas del día en que la energía renovable es barata y abundante. Estas “baterías térmicas” alcanzan hasta 2.400 grados centígrados y brillan más que el sol. Luego, ese calor se utiliza para alimentar instalaciones industriales gigantes las 24 horas del día, incluso cuando el sol no brilla o el viento no sopla.

BlackRock invirtió en Antora a través de Decarbonization Partners, una asociación que tenemos con la firma de inversión Temasek. Nuestra financiación ayudará a Antora a crecer para entregar miles de millones de dólares en energía sin emisiones a clientes industriales. (Algún día, sus baterías térmicas podrían ayudar a resolver el tipo de problema de energía distribuible que enfrentan Texas y Alemania, pero sin emisiones de carbono).

La última tecnología que destacaré es la captura de carbono. El año pasado, uno de los fondos de infraestructura de BlackRock invirtió 550 millones de dólares en un proyecto llamado STRATOS, que será la instalación de captura directa de aire más grande del mundo cuando se complete la construcción en 2025. Entre los aspectos más interesantes del proyecto está quién está construyendo la instalación: Occidental Petroleum, la gran compañía petrolera de Texas.

El mercado energético no está dividido como algunas personas piensan, con una dura división entre los productores de petróleo y gas por un lado y las nuevas empresas de energía limpia y tecnología climática por el otro. Muchas empresas, como Occidental, hacen ambas cosas, lo cual es una de las principales razones por las que BlackRock nunca ha apoyado la desinversión en empresas energéticas tradicionales. También son pioneros de la descarbonización.

Hoy en día, BlackRock ha invertido más de 300 mil millones de dólares en empresas energéticas tradicionales en nombre de nuestros clientes. De esos 300.000 millones de dólares, más de la mitad (170.000 millones de dólares) están en Estados Unidos. Invertimos en estas empresas energéticas por una sencilla razón: es el dinero de nuestros clientes. Si quieren invertir en hidrocarburos, les damos todas las oportunidades para hacerlo, de la misma manera que invertimos aproximadamente 138 mil millones de dólares en estrategias de transición energética para nuestros clientes. Eso es parte de ser un administrador de activos. Seguimos los mandatos de nuestros clientes.

Pero cuando se trata de energía, también entiendo por qué las personas tienen preferencias diferentes. La descarbonización y la seguridad energética son las dos tendencias macroeconómicas que impulsan la demanda de más infraestructura energética. A veces son tendencias en competencia. Otras veces, son complementarios, como cuando la misma batería avanzada que descarboniza su red también puede reducir su dependencia de la energía extranjera.

La cuestión es: la transición energética no avanza en línea recta. Como he escrito muchas veces antes, se está moviendo de diferentes maneras y a diferentes ritmos en diferentes partes del mundo. En BlackRock, nuestro trabajo es ayudar a nuestros clientes a afrontar los grandes cambios del mercado energético, sin importar dónde se encuentren.

La próxima transformación de BlackRock

Una forma en que ayudamos a nuestros clientes a navegar por el floreciente mercado de infraestructura es transformando nuestra empresa. Comencé esta sección escribiendo sobre los propietarios del aeropuerto de Gatwick, GIP. En enero, BlackRock anunció nuestros planes de adquirirlos.

¿Por qué GIP? El propio negocio de infraestructura de BlackRock había estado creciendo rápidamente durante los últimos años. Pero para satisfacer la demanda, nos dimos cuenta de que necesitábamos crecer aún más rápido.

No son sólo los gobiernos endeudados los que necesitan encontrar fuentes alternativas de financiamiento para su infraestructura. Las empresas del sector privado también lo hacen. En todo el mundo existe una enorme infraestructura que pertenece y es operada en su totalidad por empresas privadas. Las torres de telefonía móvil son un buen ejemplo. También lo son los oleoductos que entregan las materias primas a las empresas químicas. Cada vez más, los propietarios de estos activos prefieren tener un socio financiero, en lugar de cargar el costo total de la infraestructura en su balance.

Había estado pensando en esta tendencia y llamé a un viejo colega, Bayo Ogunlesi.

Tanto Bayo como yo comenzamos nuestras carreras en finanzas en el banco de inversión First Boston. Pero nuestros caminos se separaron. Perdí 100 millones de dólares en una serie de malas operaciones en First Boston y... bueno, nadie necesita volver a escuchar esa historia. Pero me llevó (y a mis socios de BlackRock) a ser pioneros en una mejor gestión del riesgo para los mercados de renta fija. Mientras tanto, Bayo y su equipo fueron pioneros en la inversión en infraestructura moderna en los mercados privados.

Ahora planeamos unir nuestras fuerzas nuevamente. Creo que el resultado serán mejores oportunidades para que nuestros clientes inviertan en la infraestructura que mantiene nuestras luces encendidas, aviones volando, trenes en movimiento y nuestro servicio celular en el máximo número de bares.

Más sobre el trabajo de BlackRock en 2023

En esta carta, comparto mi opinión de que los mercados de capital van a desempeñar un papel aún mayor en la economía global. Tendrán que hacerlo si el mundo quiere abordar los desafíos en torno a la infraestructura, la deuda y la jubilación. Éstos son los principales problemas económicos de mediados del siglo XXI. Vamos a necesitar el poder del capitalismo para resolverlos.

La forma en que BlackRock figura en esa historia es a través de nuestro trabajo con los clientes. Queremos posicionarlos bien para navegar estas tendencias, razón por la cual hemos tratado de mantenernos más conectados que nunca con nuestros clientes.

Durante los últimos cinco años, miles de clientes en nombre de millones de personas han confiado a BlackRock la gestión de más de 1,9 billones de dólares en nuevos activos netos. Miles de personas también utilizan nuestra tecnología para comprender mejor los riesgos de sus carteras y respaldar el crecimiento y la agilidad comercial de sus propios negocios. Años de crecimiento orgánico, junto con el crecimiento a largo plazo de los mercados de capitales, respaldan los 10 billones de dólares de activos de nuestros clientes, que crecieron más de 1,4 billones de dólares en 2023.

En los buenos y en los malos tiempos, ya sea que los clientes se centren en aumentar o disminuir el riesgo, nuestro constante crecimiento orgánico líder en la industria demuestra que los clientes están consolidando más carteras con BlackRock. En 2023, nuestros clientes nos otorgaron 289 mil millones de dólares en nuevos activos netos durante un período de cambios rápidos y reducción significativa de riesgos en la cartera.

El modelo de negocio diferenciado de BlackRock nos ha permitido seguir creciendo con nuestros clientes y mantener un crecimiento orgánico positivo de las tarifas base. Hemos crecido independientemente del contexto del mercado e incluso cuando la mayor parte de la industria experimentó salidas de capital.

Pienso en 2016 y 2018, cuando la incertidumbre y el sentimiento de cautela afectaron el comportamiento de inversión entre instituciones y personas. Muchos clientes redujeron el riesgo y pasaron al efectivo. BlackRock se mantuvo conectado con nuestros clientes. Nos mantuvimos rigurosos a la hora de impulsar el rendimiento de las inversiones, innovar en nuevos productos y tecnologías y brindar asesoramiento sobre el diseño de carteras. Una vez que los clientes estuvieron listos para regresar a los mercados de manera más activa, lo hicieron con BlackRock, lo que generó nuevos récords en el flujo de clientes y un crecimiento orgánico de las tarifas base igual o superior a nuestro objetivo.

El crecimiento de los flujos y las tarifas base orgánicas se aceleró hasta finales de 2023. Vimos 96 mil millones de dólares de entradas netas totales en el cuarto trimestre y entramos en 2024 con gran impulso.

En 2024, planeo hacer lo que hice en 2023: pasar mucho tiempo viajando visitando clientes. Ya he realizado varios viajes por EE. UU. y por todo el mundo, y está más claro que nunca que las empresas y los clientes quieren trabajar con BlackRock.

Las empresas en las que invertimos en nombre de nuestros clientes valoran que normalmente proporcionemos capital constante a largo plazo. A menudo invertimos temprano y mantenemos la inversión a lo largo de los ciclos, ya sea en deuda o en acciones, antes o después de la IPO. Las empresas reconocen las relaciones globales, la marca y la experiencia de BlackRock en todos los mercados e industrias. Esto nos convierte en un socio valioso y, a su vez, respalda el abastecimiento y el rendimiento que podemos ofrecer a los clientes.

Durante los últimos 18 meses, hemos buscado y ejecutado una serie de acuerdos para clientes. Además del proyecto de captura directa de aire STRATOS, nuestros fondos se asociaron con AT&T en la empresa conjunta Gigapower para desarrollar banda ancha en comunidades de todo Estados Unidos. También realizamos inversiones a nivel mundial, incluso en Brasol (Brasil), AirFirst (Corea del Sur), Akaysha Energy ( Australia), y el Parque Eólico del Lago Turkana (Kenia).

Nuestra capacidad para conseguir acuerdos para los clientes es el principal impulsor de la demanda de estrategias de mercados privados de BlackRock. Estas estrategias generaron 14 mil millones de dólares de entradas netas en 2023, impulsadas por la infraestructura y el crédito privado. Seguimos esperando que estas categorías sean nuestros principales motores de crecimiento dentro de las alternativas en los próximos años.

Nuestros conocimientos de inversión activos, nuestra experiencia y nuestro sólido desempeño de inversión también diferencian a BlackRock en el mercado. Vimos casi 60 mil millones de dólares de entradas netas activas en 2023, en comparación con las salidas de la industria.

En ETF, BlackRock generó 186 mil millones de dólares en entradas netas líderes en la industria en 2023. Nuestro liderazgo en la industria de ETF es otro testimonio de nuestra plataforma global y conectividad con los clientes.

Lo que hemos visto mercado tras mercado es que si podemos hacer que la inversión sea más fácil y asequible, podemos atraer rápidamente nuevos clientes. Estamos aprovechando las plataformas de riqueza digital en los mercados locales para brindar más acceso a la inversión y acelerar el crecimiento orgánico de los ETF de iShares.

En EMEA, BlackRock impulsa los planes de ahorro de ETF para inversores finales, asociándose con muchos bancos y plataformas de corretaje, incluidos Trade Republic, Scalable Capital, ING, Lloyds y Nordnet. Estas asociaciones ayudarán a millones de personas a acceder a inversiones, invertir a largo plazo y lograr bienestar financiero.

En 2023, también anunciamos nuestra inversión minoritaria en Upvest, que ayudará a impulsar la innovación en la forma en que los europeos acceden a los mercados y hará que sea más barato y sencillo comenzar a invertir.

Luego está nuestro trabajo con el banco digital líder de Gran Bretaña, Monzo, para ofrecer a sus clientes nuestros productos a través de su aplicación, con inversiones mínimas de tan solo £1. A través de estas relaciones, estamos haciendo evolucionar nuestra franquicia de ETF iShares para aumentar significativamente el acceso a los mercados globales.

Permítanme decir también algunas palabras sobre Aladdin. Sigue siendo el lenguaje de las carteras, que une a todo BlackRock y proporciona la base tecnológica para la forma en que brindamos servicios a los clientes en toda nuestra plataforma. Y Aladdin no es sólo la tecnología clave que impulsa a BlackRock; también impulsa a muchos de nuestros clientes. La necesidad de datos integrados y análisis de riesgos, así como vistas de cartera completa en los mercados públicos y privados, está impulsando el crecimiento del valor de contrato anual (ACV).

En 2023, generamos 1.500 millones de dólares en ingresos por servicios de tecnología. Los clientes buscan crecer y expandirse con Aladdin, lo que se refleja en una fuerte actividad de cosecha, con más del 50% de las ventas de Aladdin siendo multiproducto.

De cara al futuro, volver a arriesgar las carteras de clientes creará enormes perspectivas para nuestras franquicias de los mercados público y privado. Y se necesitará tecnología integrada para ayudar a los clientes a ser ágiles mientras operan a escala.

Estos son tiempos en los que los inversores están realizando grandes cambios en la forma en que construyen sus carteras. BlackRock está ayudando a los inversores a construir la “cartera del futuro”, una que integre los mercados públicos y privados y esté habilitada digitalmente. Consideramos estos cambios como grandes catalizadores. Con la inversión diversificada y la plataforma tecnológica que hemos construido, nos hemos preparado para ser un crecimiento estructural en los próximos años.

Posicionando nuestra organización para el futuro

Así como continuamente innovamos y evolucionamos nuestro negocio para mantenernos por delante de nuestros clientes, también evolucionamos nuestra organización y nuestro equipo de liderazgo.

A principios de este año anunciamos cambios para reimaginar nuestro negocio y transformar nuestra organización para anticipar mejor lo que necesitan los clientes y darle forma a BlackRock para que los clientes puedan continuar obteniendo los conocimientos, las soluciones y los resultados que esperan de nosotros.

Durante años, BlackRock ha trabajado con clientes de toda la cartera, aunque con distinciones entre estructuras de productos para ETF, fondos mutuos activos y cuentas separadas.

Ahora las líneas tradicionales entre productos se están desdibujando. Los clientes están creando carteras que combinan a la perfección estrategias activas e indexadas, incluidos activos líquidos e ilíquidos y que abarcan mercados públicos y privados, a través de ETF, fondos mutuos y estructuras de cuentas separadas.

BlackRock ha sido fundamental a la hora de ampliar el mercado de ETF al hacerlos accesibles a más inversores y ofrecer nuevas clases de activos (como bonos) y estrategias de inversión (como activos). Como resultado de ese éxito, el ETF ya no es sólo un concepto de indexación: se está convirtiendo en una estructura eficiente para una variedad de soluciones de inversión.

Siempre consideramos los ETF como una tecnología, una tecnología que facilitaba la inversión. Y así como nuestra tecnología Aladdin se ha vuelto fundamental para la gestión de activos, también lo han sido los ETF. Es por eso que creemos que incorporar nuestra experiencia en ETF e índices en toda la empresa acelerará el crecimiento de iShares y de todas las estrategias de inversión en BlackRock.

Seremos más ágiles y estaremos más estrechamente alineados con los clientes a través de nuestra nueva arquitectura con el objetivo de brindar una mejor experiencia, un mejor rendimiento y mejores resultados.

elección de votación

Los mercados de capital saludables dependen de un circuito de retroalimentación continua entre las empresas y sus inversores. Durante más de una década, BlackRock se esforzó por mejorar ese circuito de retroalimentación para nuestros clientes.

Lo hemos logrado mediante la creación de un programa de gestión líder en la industria, que se centra en involucrar a las empresas en las que invertimos en cuestiones que afectan los intereses económicos a largo plazo de nuestros clientes. Esto requiere comprender cómo están posicionadas las empresas para afrontar los riesgos y oportunidades que enfrentan; por ejemplo, cómo la fragmentación geopolítica podría reconfigurar sus cadenas de suministro o cómo un mayor costo de endeudamiento podría afectar su capacidad de generar un crecimiento sostenido de las ganancias.

Para lograrlo, creamos uno de los equipos de administración más grandes para interactuar con las empresas, a menudo junto con nuestros equipos de inversión, porque nunca creímos en la dependencia de la industria de las recomendaciones de unos pocos asesores de voto. Sabíamos que nuestros clientes esperarían que tomáramos decisiones de votación por poder independientes, informadas por nuestro diálogo continuo con las empresas, una filosofía que continúa sustentando nuestros esfuerzos de administración en la actualidad. Para nuestros clientes que nos han confiado esta importante responsabilidad, nos mantenemos firmes en la promoción de prácticas sólidas de gobierno corporativo y resiliencia financiera en las empresas en las que invertimos en su nombre.

Y para nuestros clientes que desean asumir un papel más directo en el proceso de votación por poder, continuamos innovando para ofrecerles más opciones. En 2022, BlackRock fue el primero en nuestra industria en lanzar Voting Choice, una capacidad que permitió a los inversores institucionales participar en el proceso de votación por poder. Hoy en día, aproximadamente la mitad de los activos indexados de acciones de nuestros clientes que gestionamos pueden acceder a Voting Choice. Y en febrero, lanzamos una prueba piloto en nuestro ETF principal S&P 500 más grande, permitiendo por primera vez la elección de voto para inversores individuales.

Damos la bienvenida a estas voces adicionales al gobierno corporativo y creemos que pueden fortalecer aún más la democracia de los accionistas. Creo que más propietarios de activos pueden participar eficazmente en este importante proceso si están bien informados. Nos sentimos alentados por su compromiso y la transformación continua del ecosistema de voto por poder, pero seguimos creyendo que la industria se beneficiaría de asesores de voto adicionales.

Estrategia para el crecimiento a largo plazo

Durante 36 años, BlackRock ha liderado escuchando a nuestros clientes y evolucionando para ayudarlos a lograr resultados a largo plazo. Ese compromiso ha estado detrás de todo lo que hemos hecho como empresa, ya sea desbloquear nuevos mercados a través de iShares, ser pioneros en el asesoramiento de carteras completas, lanzar Aladdin en los escritorios de los inversores y mucho más. Los clientes han sido la base de nuestra mentalidad y nuestra estrategia de crecimiento, informando las inversiones que hemos realizado en todos nuestros negocios.

La combinación de tecnología y asesoramiento, junto con ETF y capacidades de mercados activos y privados, nos permite ofrecer una mejor experiencia al cliente, lo que lleva a los clientes a consolidar más carteras con BlackRock o contratarnos para soluciones de subcontratación. Creemos que esto, a su vez, impulsará un crecimiento orgánico diferenciado continuo en el futuro.

Como hacemos cada año, nuestro equipo directivo y nuestra junta directiva dedicaron tiempo a evaluar nuestra estrategia de crecimiento. Nos desafiamos a pensar: ¿Qué oportunidades creará este entorno económico para BlackRock y nuestros clientes? ¿Qué más podemos hacer para satisfacer y anticiparnos a sus necesidades? ¿Cómo podemos evolucionar nuestra organización, estructura operativa, capacidades de inversión y modelos de servicio y, al hacerlo, seguir liderando la industria?

Tenemos una fuerte convicción en nuestra estrategia y nuestra capacidad para ejecutarla con escala y disciplina de gastos. Nuestra estrategia sigue centrada en hacer crecer Aladdin, los ETF y los mercados privados, manteniendo alfa en el corazón de BlackRock, liderando la inversión sostenible y asesorando a los clientes en toda su cartera.

Continuamente hemos realizado inversiones internas para lograr crecimiento orgánico y eficiencia, invirtiendo antes de las oportunidades de los clientes en mercados privados, ETF, tecnología y soluciones de cartera completa.

En los mercados privados, estamos preparados para capitalizar las tendencias de crecimiento estructural. Ya sea que se trate de una ejecución basada en la demanda de infraestructura muy necesaria o del creciente papel del crédito privado a medida que los bancos y prestamistas públicos se alejan del mercado medio, el capital privado será esencial. BlackRock está preparado para captar participación a través de nuestra escala, origen patentado y trayectoria. Y creemos que nuestra adquisición planificada de GIP acelerará significativamente nuestra capacidad de ofrecer nuestras capacidades de mercados privados a nuestros clientes.

En los ETF, seguiremos liderando la ampliación del acceso a la inversión a nivel mundial y a través de la innovación. El ETF es una pieza adaptable de tecnología financiera y, con el tiempo, hemos podido hacer más con él que simplemente hacer que la inversión sea más asequible. Hemos podido llevar una mejor liquidez y descubrimiento de precios a mercados más opacos. Un ejemplo reciente es ofrecer a las personas exposición a Bitcoin a través de ETF.

Los ETF han tenido una historia de crecimiento increíble en EE. UU., con iShares a la cabeza. Creemos que la adopción global de ETF se acelerará a medida que las tendencias catalizadoras que vimos en los EE. UU. hace años, como el crecimiento de las carteras modelo y de asesoramiento basado en tarifas, apenas estén comenzando a echar raíces. Casi la mitad de las entradas netas de iShares en 2023 procedieron de nuestros ETF cotizados internacionalmente en mercados locales, liderados por las entradas netas de iShares europeas de 70 mil millones de dólares.

La asignación activa de activos, la selección de valores y la gestión de riesgos siempre han sido elementos clave en la rentabilidad a largo plazo. Nuestros equipos activos en multiactivos, renta fija y renta variable están bien posicionados para aprovechar las amplias oportunidades que surgen de esta nueva tasa de interés y de este régimen potencialmente más volátil. Estamos particularmente entusiasmados con la oportunidad en la renta fija y cómo la inteligencia artificial está impulsando el rendimiento en nuestros negocios de inversión sistemática.

La renta fija será cada vez más relevante en la construcción de carteras completas con mayores rendimientos y mejor potencial de rentabilidad en comparación con el entorno de tipos bajos de los últimos 15 años. Ahora que la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se acerca a los promedios de largo plazo, los clientes están reconsiderando las asignaciones de bonos.

BlackRock está bien posicionado con una plataforma de renta fija diversificada. No se tratará sólo de índices, donde gestionamos casi 1,7 billones de dólares. O casi activo, donde gestionamos más de 1 billón de dólares. Algunas de las conversaciones de cartera más interesantes son con asignadores que combinan ETF con activos o utilizan innovaciones como nuestros ETF activos para soluciones de ingresos administradas profesionalmente.

En todas las clases de activos, la necesidad de datos integrados, tecnología y gestión de riesgos seguirá impulsando la demanda de Aladdin. A través de su ecosistema dinámico de más de 130.000 usuarios, la plataforma Aladdin está en constante innovación y mejora. Las inversiones en copilotos de IA de Aladdin, las mejoras en la apertura que respaldan las asociaciones de ecosistemas y el avance de soluciones de cartera completa aumentarán aún más el valor de Aladdin.

Nos sentimos honrados de que nuestros clientes nos hayan confiado 289 mil millones de dólares de nuevos activos netos en 2023. Y en los últimos meses, hemos visto un sentimiento y un tono decididamente más positivos en los mercados y entre los clientes que estoy muy optimista se trasladarán a el resto de 2024.

Nuestra capacidad para adaptarnos, evolucionar y crecer ha generado un rendimiento total del 9000 % para nuestros accionistas desde nuestra oferta pública inicial en 1999. Esto supera con creces el rendimiento del 490 % del S&P 500 y es representativo de un modelo de negocio que sirve a todas nuestras partes interesadas.

Rentabilidad total desde la salida a bolsa de BlackRock hasta el 31 de diciembre de 2023


Nuestra Junta Directiva

El Consejo de BlackRock desempeña un papel integral en nuestra estrategia, nuestro crecimiento y nuestro éxito.

Las diversas experiencias y antecedentes de nuestros Directores nos permiten tener discusiones y debates enriquecedores. En cada reunión, nuestros directores revisan los componentes de nuestra estrategia a largo plazo y fomentan un diálogo constructivo con nuestro equipo de liderazgo sobre las oportunidades estratégicas, las prioridades y los riesgos que enfrenta el negocio de BlackRock. En última instancia, este diálogo nos empuja a tomar medidas a veces tácticas y a veces transformadoras para construir un mejor BlackRock. Esto incluye los dos movimientos transformacionales que tomamos en enero: la reestructuración estratégica de nuestra organización y nuestro acuerdo para adquirir GIP.

Estos dos cambios transformacionales son los más grandes desde nuestra adquisición de Barclays Global Investors hace casi 15 años.

Tras el cierre de la transacción GIP, planeamos incorporar a Bayo Ogunlesi a nuestra junta directiva. Continuaremos evolucionando nuestra Junta a lo largo del tiempo para reflejar la amplitud de nuestro negocio global y para guiarnos a medida que evolucionamos por delante de las necesidades de nuestros clientes.

Una nota final

En los últimos 36 años, BlackRock ha pasado de ser una empresa de ocho personas en una pequeña oficina de Manhattan a convertirse en el administrador de activos más grande del mundo. Pero nuestro crecimiento es sólo una pequeña parte de una historia de éxito mucho mayor.

Es parte de la misma historia que incluye a mis padres jubilándose cómodamente después de 50 años de arduo trabajo. La misma historia en la que Estados Unidos pudo soportar la crisis de S&L de los años 80 y la crisis financiera de 2008, y recuperarse rápidamente y con fuerza creciente.

Y es la historia que, con suerte, incluirá a más personas en todo el mundo. Naciones que pueden superar su deuda. Ciudades que pueden permitirse el lujo de suministrar energía a más hogares y construir más carreteras. Trabajadores que puedan vivir sus años dorados con dignidad.

Todas estas historias sólo son posibles gracias al poder de los mercados de capital y a las personas que tienen la esperanza suficiente para invertir en ellos.

Atentamente,
Laurence Fink
Presidente y Director Ejecutivo"


Podéis comprobar dicha carta en: https://www.blackrock.com/corporate/investor-relations/larry-fink-annual-chairmans-letter