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Bibliotecas humanas



Ni en los bares se habla ni en las bibliotecas se lee
. Las nuevas tecnologías están modificando los hábitos y costumbres. Cada vez hay menos nostálgicos que deciden pasarse la tarde curioseando entre libros-

Las bibliotecas humanas nacieron en Dinamarca en torno al año 2000 con el objetivo de compartir experiencias a través del contacto humano. En las bibliotecas humanas la idea no es prestar libros, sino compartir historias personales para romper estereotipos y acercar realidades que en la mayoría de los casos nos parecen muy alejadas de nuestra vida diaria.

En las bibliotecas humanas cada persona que se ofrece como libro humano lo hace de forma totalmente voluntaria y gratuita. Los libros humanos suelen ser emigrantes, enfermos, refugiados, discapacitados, transexuales, personas con una historia a sus espaldas, a veces trágica, que los convierte en auténticos maestros de esta complicada aventura que llamamos vida. Al compartir sus vivencias, otras personas aprenden de ellos nuevas realidades y empatizan con su situación, rompiendo prejuicios y fomentando el diálogo, la tolerancia y la comprensión entre hombres y mujeres de diferentes razas, culturas y religiones. Las bibliotecas humanas nos enseñan que, como ocurre con los libros, a los que no se les debe juzgar sólo por su portada, a las personas tampoco hay que juzgarlas por sus aspectos externos. Detrás de cada persona hay una historia que ha marcado su vida y que la engrandece como ser humano.

El éxito que tuvieron las primeras bibliotecas humanas en Dinamarca animó a extender la idea por otros países. Rumanía, Islandia, Noruega, Canadá, India, Italia, Estados Unidos y Portugal fueron los siguientes países que se unieron a esta iniciativa. En España existen bibliotecas humanas en Madrid, Barcelona o Sevilla.

En un mundo tan deshumanizado y lleno de clichés, donde los whatsapp están sustituyendo a las conversaciones de café, las bibliotecas humanas ofrecen una nueva forma de aprender de los demás, de sus experiencias vitales. También pueden movilizar a una sociedad un tanto durmiente, quizás desorientada por la sobreabundancia de información. Las bibliotecas humanas pueden enseñarnos que la diversidad es una riqueza maravillosa, y nunca un problema; y que los prejuicios sólo sirven para separarnos.


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