Este artículo se lo dedico a todos esos animalistas incoherentes, sensacionalistas, extremistas que se creen que son las mejores personas del mundo por rescatar animales y que a la vez son tan intolerantes con los que NO PUEDEN rescatarlos, sin pensar en los posibles impedimentos que puedan tener esas personas que aman tanto o más que ellos a nuestros hermanos no humanos, cuestionándolos entre insultos y gritos. Por favor un poco de coherencia y tolerancia. Me parece muy bien la labor de rescatar animales del sufrimiento o de las calles, pero no se puede concienciar a la sociedad bajo un yugo. Creo como Corine Pelluchon que las etiquetas entre los que amamos a todos los animales, nos perjudica seriamente pués interfieren en la causa. Y no digamos de la competitividad ególatra por la que se caracterizan algunos de ellos convirtiéndolos en radicalistas opresores. Sí sí, has leído bien. Hay muchas clases de animalistas, pero los radicales, los exaltados, son los que hacen mucho daño a los que trabajan con responsabilidad y seriedad en la causa, perjudicándolos a ellos, pero el primer perjudicado es el animal.
Corine Pelluchon: “Hay que ser valientes para asumir el sufrimiento que causamos a los animales”
La filósofa francesa cree que "los animalistas exaltados hacen daño a la causa" y apuesta por caminos de consenso. (Yo también lo creo)
Convencer es lo esencial. No imponer. Debemos ser muy pedagógicos, menos dogmáticos, menos intransigentes con los que tienen distintos puntos de vista. Abrirles los ojos. Hay que tener paciencia. Los animalistas exaltados en realidad hacen daño a la causa. El discurso debe ser firme y moderado a la vez. La gente debe entender que el bienestar de los animales y el suyo van juntos, que construyendo una sociedad más justa con los no humanos se la hace mejor para los humanos. Su liberación será la nuestra. Se trata en suma de comprometerse para hacer un mundo mejor. No es nada marginal y todos podemos hacer algo. La causa animal es una oportunidad para profundizar en el humanismo. Es un proyecto político y de emancipación que completa la herencia de la Ilustración, del Siglo de las Luces. Hay que ampliar la idea de que el límite de mi libertad es la libertad del otro: ese otro puede no ser humano, sino de otra especie. Entender esto supone un cambio muy grande, claro. Pero, insisto, no se puede correr. Hay que construir un consenso.
La filósofa Corine Pelluchon, parisina de cincuenta años, representa un nuevo paradigma del movimiento animalista mundial. Aunque no deja de denunciar enérgicamente, incluso con tonos dramáticos que ríete tú de Dumbo y Bambi, la violencia que nuestra sociedad, afirma, ejerce contra los animales, ni de dar un aldabonazo a las conciencias, se aleja de los planteamientos más vehementes y radicales (como los de los vegasexuales que abjuran de las relaciones íntimas con los comedores de carne) en aras del posibilismo. Es un animalismo amable. Propugna caminos realistas, serenos y de educación y consenso para lograr un mundo en el que el sufrimiento animal desaparezca de manera paulatina o al menos se reduzca sustancialmente en plazos concretos.
Pelluchon ha presentado recientemente en Barcelona su Manifiesto animalista, subtitulado Politizar la cuestión animal (Reservoir Books, 2018), un libro intenso, pese a su brevedad, “de acción”, llamado a marcar época y que constituye a la vez un estado de la cuestión, una declaración de intenciones y una propuesta clara y concisa para avanzar de manera decisiva en nuestra relación con los animales. El manifiesto, que se basa formalmente en el comunista de Marx y Engels, aunque en este caso se trata de plantear un combate contra la explotación de las bestias y no de los humanos, concluye con un reconocible y sonoro “animalistas de todos los países, de todos los partidos y de todas las confesiones, uníos”. Para añadir que, si hacemos justicia a los animales ,“salvamos nuestra alma y garantizamos nuestro futuro”. Profesora y doctora en filosofía práctica en la Universidad de Franco Condado (Besançon), especialista en filosofía política, moral y ética aplicada, Pelluchon es una mujer delgada, enérgica y vitalista que hoy lleva un vestido de un clamoroso rojo sangre y zapatos ecológicos.
Describe usted nuestra relación con los animales en términos dramáticos. Habla de vergüenza, de injusticia, de que estamos perdiendo nuestra alma, de una “edad de la desolación”. Señala que los operarios de las granjas factoría han de taponarse los oídos para no oír chillar a los cerdos a los que castran.
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